Los buenos modales digitales

La irrupción de la tecnología ha modificado nuestro comportamiento y la forma de interactuar. Ya no llamamos a un lugar como cuando dominaba la telefonía fija, sino a una persona ligada a un número de teléfono móvil. Esta introducción de la tecnología en nuestra vida cotidiana, ha modificado nuestros hábitos de comunicación hasta tal punto que algunos autores, de forma acertada, nos proponen una serie de pautas para utilizarla correctamente. En este caso reproduzco un artículo de Hector G Barnés en elconfidencial que desarrolla 4 reglas básicas para utilizar la tecnología de forma adecuada en nuestras relaciones.

La irrupción de la tecnología ha cambiado para siempre nuestras vidas y, sin embargo, apenas existen códigos de conducta que regulen las normas de cortesía en lo que respecta a los smartphones u otro tipo de relaciones cibernéticas, especialmente en lo que concierne a la utilización de uno u otro sistema a la hora de realizar una consulta o una petición a un compañero o un familiar.  

Desde luego, tenemos muy presentes ciertos comportamientos que a cualquiera le parecen de mala educación: sacar el móvil durante la comidapara consultar las redes sociales, mirarlo de soslayo mientras hablamos con alguien o hacer caso omiso de los mensajes que nos piden pronta respuesta.

Sin embargo, la ausencia de unas pautas de comportamiento exactas sobre cuánto debemos tardar en contestar un correo electrónico o cuándo podemos permitirnos agarrar el teléfono móvil, aún nos conducen a la incertidumbre. Con el objetivo de solucionar algunas de las dudas más recurrentes a tal respecto, la consejera Cyrus Stoller ha expuesto en su blog cuáles son, en su opinión, los cuatro niveles de prioridad a la hora de llamar, escribir un mensaje o enviar un correo electrónico.

  1. No envíes un correo electrónico para algo que requiere respuesta inmediata. Como explica Stoller, mucha gente espera que todo el mundo esté conectado constantemente al e-mail a través de su smartphone, pero no tiene por qué ser así y si de verdad se trata de una urgencia, debemos levantar por una vez el teléfono y marcar el número de la persona que debe ser informada de inmediato.

Stoller señala que si pretendemos conseguir algo en el plazo de media hora (ej: bajar a comprar antes de que cierren los establecimientos o concertar una cita para el mismo día) debemos hacer una llamada. “Te da la oportunidad de asegurarte de que se entiende exactamente lo que se necesita hacer y de que se ha recibido tu petición”. Sin embargo, debemos limitar el uso del teléfono si el asunto a tratar no es lo suficientemente importante, puesto que distrae a los demás.

  1. Un mensaje de teléfono (SMS o WhatsApp) para las próximas dos horas. Si la urgencia es menor pero, de todas formas, se trata de algo que debe hacerse en el futuro cercano, podemos mandar un mensaje con la orden a seguir, la petición de auxilio o la sugerencia de que se devuelva la llamada para hablar en persona. De esa manera, explica Stoller, “me das tiempo para relajarme, dejar lo que estoy haciendo y contestarte”.

La consejera asegura que la mayor parte de prioridades encajan en dicha categoría, y aconseja evitar la creación de grupos o cadenas de correo salvo que sean completamente necesarias, puesto que distrae la atención de muchas personas al mismo tiempo.

  1. Responde al chat “cuando puedas”. Curiosamente, Stoller considera que la mensajería instantánea como los servicios de chat de las cuentas de correo o el casi desparecido Messenger son útiles cuando se requiere conocer algo muy concreto pero no especialmente urgente. Debido a su carácter informal, este tipo de conversación favorece las consultas breves.
  1. El correo electrónico, útil en el medio plazo. Si necesitamos saber algo o sentimos curiosidad por determinada cuestión, podemos enviar un correo electrónico que probablemente se contestará en las próximas 24 horas, puesto que la mayor parte de la gente tan sólo lo revisa de vez en cuando. Ten en cuenta que se trata de un tipo de comunicación asincrónico, por lo que aunque suelas recibir respuesta de una persona con premura, ello no garantiza que vaya a estar siempre disponible. Un simple “por favor, responde cuando puedas” puede ser útil para hacer entender a nuestro interlocutor que necesitamos la información cuanto antes.

Preocúpate también, en el caso de que escribas por algo muy concreto, de no presentar un gran número de cuestiones (“¿qué tal tu familia?”, “¿qué tal las vacaciones?”, “¿nos veremos algún día de estos?”) que puedan distraer de nuestro objetivo principal. “Mucha gente siente que tienen demasiados correos por contestar”, explica Stoller. “Así que piénsatelo dos veces antes de enviar un e-mail”.

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