Las Fortalezas, 51 km de sufrimiento y belleza

No me había decidido a escribir sobre esta ruta hasta hoy, fundamentalmente porque temía no acertar a describir lo que supone para un corredor aficionado como yo, afrontar un reto tan grande como este. He corrido pruebas de mayor dureza, quizá los 101 kilómetros de Ronda en modalidad de duatlón puedan ser mas exigentes, sin embargo esta prueba supuso para mi algo muy especial.

 

He participado en bastantes pruebas tanto de carreras a pie, en bicicleta de montaña e incluso duatlón en plena montaña. Sin embargo, ninguna prueba ha igualado hasta ahora la belleza, las sensaciones y el buen ambiente que he vivido durante 51 durísimos kilómetros. Sólo una pega... Demasiado asfalto.

 

Seis días antes de correr estos 51 km subiendo al Calvario, Atalaya, Fuerte de Navidad, Roldán, etc. cometí el error de correr una media maratón. Llegaba con el cuerpo tembloroso de saber que quizá no podría acabar, pero como bien dice Carmen de Ciclomanía Carrillo: "Una vez tienes el dorsal, ¡hay que salir!"

 

 

La prueba es dura a nivel físico, son muchas horas trotando, superando desniveles, bajando cuestas, etc. Pero sobre todo la prueba es enormemente dura a nivel psicológico. Todo comienza bien, sin demasiadas sorpresas, te impones un ritmo más o menos constante e intentas no picarte con nadie que te sobrepase a ritmos que no podrías llevar ni en la San Silvestre de tu pueblo. Todo empieza bien y encaras la primera subida que te lleva hasta el primer punto de control donde te ofrecen agua y de nuevo hacia abajo para afrontar la siguiente subida. Una vez pasas cala cortina, comienzas a adentrarte en el centro de Cartagena y  te das cuenta que al bajar el parque torres estás en el kilómetro 20... ¡Ni si quiera has hecho la mitad de la prueba! Y todavía queda lo peor... Cada vez que preguntas a algún incauto que, como tu, se ha atrevido a desafiar las fortalezas cartageneras, siempre te responde lo mismo: No te quejes, que lo peor viene al final. Y tenían razón...

Te vienes arriba, tratas de no pensar en lo que queda sino en lo que ya has recorrido. Te dispones a superar de nuevo algunos metros de desnivel y tras esto entras en las inmediaciones del estadio cartagonova donde, oportunamente preparados, hay una legión de voluntarios dispuestos a cubrirte tus músculos con reflex. Parece que te alivia un poco, y a partir de ese momento, pensando en que te queda poco, sólo hay que temer a la Atalaya y al Roldán... Pero como todavía queda, podemos centrarnos en seguir trotando a un buen ritmo que te permita acabar la prueba. 

 

La cuarta vez que intentas aliviar tus músculos con reflex puede que sea durante tu bajada de La Atalaya... Ya no servirá de nada, no hará efecto físico ni psicológico. Lo mejor es que no pienses y avances como puedas. "Te queda lo peor", te repiten todos cuando te ven cabizbajo e intentando seguir. Lo cierto es que el Roldán tiene una fama bien merecida, y seguro que los planificadores de la prueba son de esos de los que dejan lo mejor para el final... 

 

Dicen que todo lo que sube también baja... En este caso después de una subida dura por el Roldán viene una bajada peor, que se ve agravada por las condiciones en las que llega tu cuerpo para afrontar un terreno roto que en ocasiones te da la sensación de estar fuera del camino.

 

La inmensa mayoría de las veces llegar a la meta es el momento de mayor felicidad de todo corredor, sin embargo he de confesar que en este caso no fue así. Disfruté mucho durante la prueba y me dio cierta pena tener que terminar, esperaremos hasta 2014 para volver a encontrarnos con el monte Roldan y sus "hermanos" pequeños.

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