Rodeando El Valle

Durante casi 3 horas sin descanso y a un ritmo moderado hemos cubierto 18 kilómetros en una ruta circular por El Valle con llegada y meta en el santuario de la Fuensanta. Es una de esas rutas en la que desconectas a la fuerza, ya que te exige estar permanentemente atento al terreno tanto en las subidas como en las bajadas. La ausencia casi total de pistas llanas y el terreno roto por el que discurre todo el recorrido hace que tengas los cinco sentidos en cada paso que das, en el peso con el que abordas la próxima pendiente y en el juego de piernas que has de hacer para sortear ese obstáculo que encontrarás dentro de tres o cuatro zancadas.

Nada mas emprender la marcha y tras unos pocos metros de asfalto tomamos una trialera que nos lleva directamente al mirador de la cresta del gallo. Como alguien con criterio comentó, parece que se tratasen de unas escaleras que te suben directamente y con una pendiente elevadísima casi a lo más alto. Una vez alcanzado el mirador de la cresta del gallo, muy cerca del cruce del relojero, nos tiramos hacia la parte trasera de El Valle cruzando barrancos y sendas empapadas con la belleza característica de este rincón natural que sólo nuestra Región tiene. Tras bajar un impresionante barranco entre los puros y el camino de la cresta del gallo, seguimos caminando por aquellos senderos donde desaparece la cobertura de móvil, hasta enlazar con el camino de los puros, viejo conocido de cualquier aficionado al MTB que se precie. Enlazamos este camino casi donde finaliza la también conocida "senda bonita" para seguir subiendo hasta llegar al punto en el que decidimos no subir a las antenas por la senda quebrada y continuar un poco más por la pista hasta alcanzar las antenas a través de una bonita senda que comienza casi cuando llegas al cruce del relojero por el camino que sube desde los puros hasta dicho cruce. En esta zona, donde los cuerpos ya van bastante castigados, de nuevo una gran pendiente que te recuerda el porqué de tu afición a este deporte.

 

Llegamos a las antenas y desde ahí, pasando por la cima del mundo bajamos rápidamente hasta el cruce de las columnas, con el cuerpo castigado nos atrevemos a saludar a nuestro querido amigo "Ismael" para verificar que el coche oxidado se encuentra donde siempre. Ismael siempre te deja algo para que lo recuerdes durante los próximos días, en nuestro caso, con el cuerpo ya muy castigado después de 14 kilómetros en el que casi no hicimos un kilómetro de pista llana durante todo el recorrido, nos acordaremos de nuestro amigo Ismael durante los próximos días. Todos los sentidos puestos en lo que el terreno te depara: Ramas, piedras, nuevas formaciones consecuencia de la lluvia caída o esas raices que pueden ser muy útiles cuando subes pero que al bajar pueden darte un serio disgusto.

Todos bien en la entrada al sequén y posterior bajada hasta el quiosco de la balsa y ya quedaban 2.5 kilómetros hasta el punto de partida y fin de la ruta. dos kilómetros y medio de puro asfalto en el que dejamos esas últimas reservas que siempre te quedan para tratar de disfrutar al máximo esos últimos minutos de una ruta que nos hizo disfrutar porque nos permitió ver El Valle con otros ojos. Después de este magnífico paseo, estoy más convencido de que nunca se llega a conocer El Valle tanto como para que alguna vez deje de sorprenderte.

 

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